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Los del corte inglés deben estar que trinan con este primoroso adelanto primaveral en plenas rebajas de enero, en fin que la meteorología no entiende de negocio de masas y hace lo que le viene en gana incluso en pleno – y se suponía que crudo – invierno.
No obstante no lancemos las campanas al vuelo porque lo peor está por llegar – conste que hablo del tiempo – esta mañana, sin ir más lejos, corriendo por Madrid Río hacía mucho frío, sobre todo transitando por la sombra que congela algunos tramos de la margen derecha, mientras que al sol se estaba bastante mejor.
Ayer en el Retiro no tuve esos problemas, debe ser que su recoleto estanque no consigue el poder frigorífico del Manzanares; los problemas se debieron, si acaso porque a mi no me parece un problema, al menos insalvable, a la gran afluencia de público debido a la benevolencia atmosférica y a que hay que estrenar los regalos de reyes.
Visto lo cual me conformé con diez kilómetros de slalom para mover el corazón, agrandar mi leyenda en el mundo del SR y poco más, no me enrollo para no parecer repetitivo, el Retiro es como es y tiene lo que tiene, podría enrollarme con lo del SR pero todavía no es momento, al fin y al cabo ni siquiera he llegado a fin de mes.
Como he dicho antes – no quiero poner ut supra porque lo subraya en rojo el procesador de textos – esta mañana he salido desde el parque lineal del Manzanares en dirección al Calderón – hay que aprovecharse antes que lo derriben – pasando bastante frío durante los primeros kilómetros; a la altura del parque de la Arganzuela he dado medio vuelta para cambiar de orilla una y otra vez por la extensa red de puentes, pasarelas y presas (hay 33), algunas tan espectaculares como la de Perrault.
La verdad es que merece la pena visitar la zona, 8 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta dan para cansarse aunque yo he hecho solo la mitad por falta de tiempo, el resto hasta diez los he terminado en el parque lineal al hilo del trofeo Páris, emblemática carrera de reyes, una de las pocas que se salvan de la quema.
Allí he estado tirando unos cientos de fotos y haciendo un poco de vida social con tantos amigos y conocidos como allí se han dado cita, por supuesto he probado el melón del Lobo; desde aquí agradezco a mi antiguo club que me hayan regalado unas camisetas, voy a ir la mar de guapetón mañana por el Retiro.
De las fotos no sé que decir, en los dos puntos que me he puesto el sol daba de frente, creo que solo gracias al filtro que he utilizado pueden verse pero… me queda mucho por aprender, además es muy difícil localizar a corredores concretos, a los cinco minutos de plantón no distinguirías ni a Usain Bolt entre la masa corredora.
Y luego está la gente, o sea los espectadores… ¡vaya tela, que manera de incordiar tienen algunos!, entiendo que todos queramos sacar na foto de nuestros seres queridos para la posteridad, pero no se pueden perder las formas y molestar al vecino de esa forma.
Se me olvidaba contar una anécdota, estaba a cien metros de la salida esperando cámara en mano el paso de la tropa cuando el director de carrera me ha dicho “Santi por favor ¿podrías dar la salida?”, así que me he ido para el arco de salida y tras identificarme ante la concurrencia “eh, que yo voy a dar la salida…”, he pronunciado las palabras mágicas “¡Preparados, listos…”.