Tras celebrar el sábado el cumpleaños virtual de W la siguiente prueba de fuego iba a ocurrir el domingo, se había montado una quedada de la paquetería y uno de sus paquetes me había invitado por medio de un comentario dejado en esta misma página.
“Entras al trapo con demasiada facilidad”, me dicen en casa conociendo mi carácter impulsivo y es algo que tengo que reconocer, pero es que una quedada con la paquetería no es algo que se pueda tener cada día y si encima es en el Retiro… imposible mirar para otro lado.
Madrugón de los de antes del concilio vaticano segundo, lo pongo así para que pase desapercibido, y para el parque, en la misma puerta ya espera Canillas, al poco van llegando los demás hasta alcanzar la bonita cifra de 13 participantes.
La primera vuelta es grupal aunque algo rápida para mi gusto que soy de calentar más tiempo, así que en la segunda me quedo con Canillas, que ha desoído a su fisio que le aconsejó no correr, con Lander y alguno más, lo siento pero no recuerdo sus nombres, a) por ser la primera vez y b) porque hacerse mayor es malísimo para la memoria.
Tras la segunda vuelta Pedro y un servidor nos retiramos a la cercana cafetería dónde tendría lugar la segunda parte de la quedada que viene a ser la del desayuno, poco a poco fueron llegando los demás, 3, 4 y hasta 5 vueltas se metió alguno para el cuerpo, lo normal porque están preparando maratones invernales, no me extraña que quisieran almorzar más que desayunar.
Solo entonces me doy cuenta de que he hecho casi once kilómetros sin parar ni una sola vez, ni siquiera para descansar, la última vez que hice algo parecido fue en el paleolítico del 2009, qué ganas tengo de que lo prejubilen, o sea al 2009, para olvidarme de él a efectos deportivos.
Ayer tuve nuevo safari fotográfico por la provincia de Toledo persiguiendo pasos a nivel, todavía quedan unos cuantos, ¡la madre que cantidad de agua por todas partes!, estuve a punto de quedarme tirado en medio de un barrizal pero finalmente, casi diría que de forma milagrosa, el coche tuvo fuerzas para salir navegando de aquella ratonera.
A partir de ese momento tiré de bastón y Chirucas aunque, si lo llego a imaginar, mejor me hubiera llevado aletas y gafas de buzo, me hice el resto de puntos a la pata la llana por esos caminos castellano manchegos reconvertidos temporalmente en lagunas y torrenteras, el mundo al revés, allí menos las Tablas de Daimiel que andan con incendios subterráneos todo lo demás se ha vuelto navegable.
Esta mañana he recogido las camisetas de la San Silvestre, voy a ir monísimo porque el rosa resalta mis redondeces, a ver si esta tarde o mañana después de recoger a W en el aeropuerto pudiera salir a darme un garbeo que desde lo del domingo ando con ganas renovadas.






















