Teniendo en cuenta su nombre artillero acudí preparado para todo por si acaso, aunque al final – debido a las circunstancias – el Obús no fue la guerra de Troya del año pasado sus consecuencias me darán guerra un tiempo indeterminado que espero no se me haga demasiado largo para no subirme por las paredes.
Troya, lo que viene a ser Troya no fue pero uno de sus legendarios protagonistas se enroscó de mala manera en mi tendón derecho para hacerme la cusqui, la puñeta vaya, toda la tarde y lo que te rondaré, la verdad es que llevaba un par de meses amagando mientras yo miraba para otro lado, de paso encontró un aliado en el gemelo contrario y así no había forma de disfrutar ni de disputar la etapa.
También acudió Canillas que está saliendo de sus circunstancias poplíteas que le han traído por la calle de la amargura, muy recuperado le vi mientras ascendíamos en grupo y en animada charla hasta la puerta de Húmera, lugar previsto para el lanzamiento del obús.
A los pocos metros de la detonación el aquiles se puso farruco, pocos metros más allá fue el gemelo “Canillas sigue tú que yo me quedo bregando con estos dos”, por lo que decidí bajar tranquilo aunque por dentro echase chispas.
Creo que estaré un tiempo en el dique seco que aprovecharé para salir en bici o al cine antes de que se me olvide el séptimo arte, de todas formas estoy a punto de volver a las bajuras y doy por hecho que el agua mediterránea algo me calmará.
Un safari fotográfico imprevisto me tuvo el viernes persiguiendo trenes del futuro altamente veloces por la árida y tórrida estepa toledana, quillo que calor pasé, entre la canícula y el doloroso recuerdo del obús me costaba un mundo alcanzar los objetivos pero cumplí como los buenos.
Para hoy teníamos prevista una salida caótica por la Casa de Campo que tuve que suspender in extremis por la doble causa, no estaba seguro de acabar ayer el viaje y sí de que no me era posible correr, la hemos pospuesto para finales de mes a ver si para entonces conseguimos reunir quórum.
No obstante a las nueve y cinco ha sonado el teléfono, con ojos vidriosos percibo de quién se trata “ostras, la madre que me… pero si es el francés”, con el sobresalto me lo imaginaba vestido de grafitero mayor en la puerta del Cagigal decorando sus paredes con lemas cariñosos “cabronoises, caóticos de merde…” y otras lindezas peores que no puedo poner por desconocimiento del idioma, pero resulta que el tío estaba tan ricamente en su casa y solo llamaba para decirnos que no pensaba ir.
Es lo que tienen las carreras caóticas, que a uno se le olvida avisar, al otro le cuesta le monde levantarse y no duda en despertar a Espirulina que a esa hora estaría soñando con los angelitos y con su estreno en triatlón de esta tarde, en fin una juerga, menos mal que todo ha salido caóticamente bien, como debe ser.
En fin que entre que no voy a poder correr durante unos días, que tengo agendados más viajes trenéticos, ahora por Extremadura, que viene W el jueves, que me vuelvo a la playa, que allí no tengo internet y tal me parece a mi que los próximos días prometen emociones fuertes.
Como dijo aquél “avec de la patience on arrive a tout!” o como se diga.

























