on los viajes puede ocurrir como con las noticias que según sean te pueden descabalar los planes y lo que en principio iba a ser de una forma puede terminar siendo de otra, no digo que a mí me haya pasado porque el viaje en sí resultó tal cual estaba previsto porque yo para los viajes soy muy mío, pero sus consecuencias me han dejado fuera de juego por unos días.
El miércoles resultó un día muy largo y diferente a tantos miércoles que pasan sin nada digno de mención y cuando quieres echar cuenta ni te acuerdas de lo que has hecho; largo y agotador, con tiempo para todo, para la fotografía, para el amor, la familia, la conducción prudente no fuera que el señor Don Pere me echase después la culpa de joderle las estadísticas, para una lección de geografía práctica sobre el terreno, para la aventura…
Casi mejor si primero explico lo de tener tiempo para el amor no sea que alguien entienda que estuve de visita en uno de esos lupanares con lucecitas de colores que proliferan junto a las carreteras porque a eso los románticos nunca podremos llamarlo amor.
La salida de Málaga hacia Antequera es una historia entrelazada de amor entre una autovía llamada A-45 ó N-331 según el dispositivo que se consulte y una corriente de agua que se sigue llamando Guadalmedina porque con los los ríos todavía no se han atrevido; siguiendo las fieles indicaciones del GPS a punto estuve de acabar en el casino de Torremolinos pero pude corregir a tiempo su errático rumbo y retomar a pelo la senda correcta.
Entre Antequera y Archidona, no seré yo quién saque a relucir lo del cipote, ocurrió una triste historia que es a la que me vengo a referir cuando digo que tuve tiempo para el amor, resulta que hace muchas legislaturas, cuando ni siquiera gobernaba don Manuel, una chica que respondía al extraño nombre de Tagzona se enamoró perdidamente de un tal Tello que era de distinta confesión que la suya, algo que en aquél momento no estaba bien visto, no que fueran de distinta confesión sino que se enamorasen entre ellos y mucho menos perdidamente, hasta dónde vamos a llegar.
Alentados por una ardiente pasión, que tiene estas cosas y por cosas como esa se dice luego que el amor es ciego, huyeron prometiéndose amor eterno mientras eran perseguidos por los intolerantes de entonces que eran como lo de ahora pero más brutos si cabe, de haber existido la A-45 o N-331 podrían haberse llegado hasta Málaga largándose con viento fresco en el primer AVE, pero les dio por escalar una rocosa peña cercana que mira que hay que estar ciegos para no ver que allí arriba no tendrían escapatoria.

Vista desde el lado de Antequera
Cuenta la leyenda que tuvieron un trágico final, pero mejor me lo callo para no tener que decir aquí que entrelazando sus manos se arrojaron al vacío, teniendo en cuenta los 800 metros de altura de la peña no hace falta imaginar el resultado de su arrojo, debido a lo cual desde entonces se conoce aquel paraje como la Peña de los Enamorados.
Sin necesidad de ser perseguido por nadie, aunque siga perdidamente enamorado, anduve perdido cual Tello un buen rato por aquellos andurriales sin saber para dónde tirar ni dónde estaría mi Tagzona, cercado por un vendaval que convirtió en aventura lo que casi era una excursión campestre y los caminos en auténticos barrizales rusos me hubiera arrojado a cualquier rincón dónde vendieran café y bocadillos con tal de salir del paso pero aguanté como pude hasta completar el reportaje.

La peña también es conocida como la cara del indio
De vuelta a Málaga volví a toparme con el Guadalmedina jugando al escondite con la autovía y con una inesperada operación de asfaltado en la mencionada A-45 o N-331 según se mire que me hizo llegar una hora tarde a la deseada cita familiar que aprovechando que el Pisuerga… digo el Gualdalmedina pasa por Valladolid había concertado durante los días previos.
De vuelta en Madrid comprendí que el amor reconforta y todo lo puede pero combinado con mal tiempo puede gastarte una jugarreta, el trancazo que el martes se batía en franca retirada el jueves se convirtió en un problema de cansancio y flojera general tal que no pude salir a correr como había previsto, tampoco el viernes ni hoy sábado.
Desde que comenté que iba a meter un día más por semana ha ocurrido todo lo contrario, de momento no me preocupa porque puedo tirar de las rentas y espero empezar a recuperarme a partir de mañana.
En un mes llegará puntual como siempre el medio maratón de Madrid y aunque nuestra historia no sea precisamente de amor, ni tan siquiera podría considerarse como de mutuo cariño, debo prepararme como es debido.
Además estrenaremos circuito con salida y llegada en el Retiro, incluyendo la terrible cuesta final del Ángel Caído que a más de uno se le va a atragantar, puede que sea uno de ellos si no me repongo a tiempo y consigo remontar el vuelo, algo que no pudieron hacer Tello ni Tagzona.





Buenas noches, preciosa historia, una leyenda tal vez, yo soy de Archidona y por eso aun me ha gustado mas tu reportaje, nosotros los archidoneses simplemente la llamamos “La Peña”, las tormentas y el mal tiempo suelen asomar por ese lado y decimos “Chiquillo has visto la que viene por la Peña. Yo he subido mas de una vez por sus laderas buscando esparragos, cuando era mas joven claro, aparte de que vivo en Barcelona desde hace 30 años.
Reciba Usted un cordial saludo de un archidones.
Bienvenido Antonio, no llegué hasta Archidona pero seguramente lo haré cuando se apruebe el tramo Peña – Archidona, creo que Tagzona era de tu pueblo.
Al llegar la Peña estaba totalmente cubierta de nubes, en Hemeroscopeion tenemos otra peña similar de la misma altura, el Montgó, que ya he subido alguna vez, a ver si puedo volver a Málaga para subir la de los Enamorados.
Un saludo de un astigitano residente en Madrid.
Joder, pues ahora relaciono yo del Amor y el trancazo o castañazo, pobre caballo.
Al final vas a tener que actualizar el mapa de tu GPS.
Entretanto nosotros nos beneficiaremos de tus lúcidos cruces mentales y sus consecuentes y extrañas relaciones entre ideas dispares.
Abrazos.
Me ha gustado mucho tu relato. Ves como digo tambien cosas buenas…..
No te preocupes por lo que pongas y puedan pensar, porque este pepitogrillo, siempre te dirá lo que piensa y como te desmadres a estas alturas, so calamar……. te tendrás que batir en duelo.
Irlandés ¿cómo llevas ese adductor?, el amor se relaciona con casi todo.
Carlos voy a explorar eso de la actualización del GPS, lo mismo sigue teniendo las calzadas romanas…
Me alegro Pepi, es que a 800 metros sobre el nivel del mar las meninges deben sufrir lo suyo, mal de altura
“Tiempo de amar, tiempo de morir”… qué hermosa historia.
Hermosa y de trágico final.