Cuatro semanas y un día que no es lo mismo que un mes pero se parece bastante, ni tampoco una condena aunque se le parezca bastante; cuatro semanas son solo eso, cuatro semanas, sin olvidarme del día suelto porque todo suma.
Para celebrarlo han caído doce kilómetros por una Casa de Campo bajo cero, no sé si uno, dos, tres o cuatro bajo cero pero por ahí le andaría, es lo malo del GPS que no tiene termómetro, si lo tiene un cronómetro montañero que me compre hace algo más de diez años, cuando empecé a correr, pero no puedo llevar tanto trasto en las muñecas o voy a terminar pareciendo robocop.
En la zona de salida ya solo falta que se pongan cajones, la primera oleada han sido unos doce o trece paquetes los que han partido veloces camino de la tapia hasta perderse en la pasarela; la segunda oleada no menos de treinta y cinco garabitas, que no está nada mal para ser un domingo temprano con temperaturas que invitan a quedarse en el tálamo nupcial, quién lo tenga.
En ambos casos, según he sabido después, se ha producido una rápida desintegración de los grupos iniciales, sin tiempo para calentar antes de cruzar bajo las vías ya había gente tan lejos que costaba reconocerlos, qué prisas María Luisa.
Me ha dicho el abogado que le parece muy bien mi fidelidad a prueba de bombas a los Palucos pero que alguna cana al aire, o sea irme alguna vez con los paquetes, le daría frescura e interés renovado a nuestra relación, o sea a la mía con los Palucos; como no estoy tan seguro del beneficio le he propuesto salir juntos alguna vez, si aceptan más que un trío aquello promete ser un polinomio en toda regla.
Frío, lo que se dice frío, no hemos pasado porque somos adictos a la multicapa, pero las orejas se quedan tan tiesas que una simple toba las separaría limpiamente de la cabeza, solo de pensarlo me entran ganas de ponerme un gorro de lana de esos que usan los ladrones de museos en las películas.
Empiezo una nueva semana con doce kilómetros en la buchaca, lo que me permite – y la experiencia me aconseja vivamente – que mañana sea de transición, de nuevo servicios mínimos para que el cuerpo se recupere más y mejor; además he quedado a comer con Lecter, no es el Anibal inmortalizado por el cine pero sus asesinatos – literarios – son mucho más refinados si cabe, por lo que me vendrá bien el descanso por si durante la comida debo tirar de punta de velocidad para salvar el pellejo.







Estaría dpm una conjunción paluco-paquetil, a ver si encontramos un hueco.
Pues a mí no se me congelaron las orejas, sería por el condón que llevaba en la testa.
Tálamo nupcial, ¿Por qué salimos scopetaos los domingos muy temprano, eh?
UN ABRAZO,
Pedro
Podríamos aprovechar y montar una sincrónica relajada; ¿por qué salimos del tálamo tan temprano con el frío que hace fuera…? buena pregunta Cani, ja, ja, ¿por los desayunos del Cagigal?..
Totalmente de acuerdo en hacer ese conjunto “pepero”, porque hasta que yo calenté ayer, pasó más de media hora.
Bastó un pequeño recorte, para invitar a un progresivo hasta el Jardín de Jesús, que nos supo a gloria.