Santi Palillo

el retraso

In Correrías on 31 octubre, 2010 at 18:45

 

 

A mis nunca bien ponderadas dotes de orientación demostradas en combate durante la última caótica debo añadir ahora la de estratega sin igual; como todo el mundo sabe anoche hubo cambio de hora – gesto gubernamental tan inútil como molesto – y algo debí hacer mal porque he llegado una hora tarde a la cita garabitera de los domingos.

Antes de acostarme retrasé una hora el reloj del móvil y de todas las máquinas dotadas de movimiento uniforme que sirven para medir el tiempo o dividir el día en horas, minutos y segundos de la casa – hay que ver la de ellas que hay en una casa media – y a falta de una programé dos alarmas, la primera a las 7:00 y otra cinco minutos más tarde.

Me despierto a menos cinco – es raro que necesite despertador pero lo pongo por si acaso – anulo las alarmas y me largo con viento fresco y riesgo de lluvia a la Casa de Campo; por el camino dan las nueve en punto en la radio – las ocho en ese otro sitio que siempre dicen – “pero ¿qué ha pasado aquí, qué es lo que he hecho mal esta vez?”; las horas de la tarde que son y sigo sin explicármelo.

El caso es que cuando llego hace tres cuartos de hora que se han ido y me toca hacer solo lo que sea; tras pasar con más pena que gloria el barrizal que se ha formado al final de la pasarela empiezo a correr dispuesto a hacerme una tapia como castigo por mis culpas.

El largo quería hacerlo mañana en el Retiro pero decido cambiarlo a hoy; al poco me pasa un grupo, entre sus miembros reconozco a Fabián Roncero, y me animo a seguirles de cerca a ver que se siente; en cuanto noto que no siento nada – o sea que iba a perder el conocimiento – decido seguir a mi bola.

Tras superar mal que bien las cuestas del principio y casi llegando al puente sobre las vías el sol me da de lleno y me paro a tomarlo con fruición un minuto; en esas pasa por allí un corredor, me mira y me dice “vente conmigo”; como si fuera uno de aquellos humildes pescadores que hace dos mil y pico años hicieran lo mismo con un tal Jesús, me voy con él, cuestión de fe.

Lo cierto es que ya iba pensando que una tapia en solitario quizás era demasiado para un veterano corredor del montón como yo y estaba maquinando un cambio urgente de planes cuando me vi corriendo a su lado como si nada.

Mi salvador de hoy se llama Goyo, poco a poco y acoplado a su ritmo superamos el Tourmalet, como lo llama él, y el Mortirolo como lo llamamos nosotros; entre medias queda otra cuesta – ninguno de los dos sabemos como se llama – que también se las trae.

Pasado el trance del Mortirolo empezamos a rodar más alegres y charlar sobre lo divino y lo humano; en eso Goyo y yo somos dos corredores parecidos, dos habladores impenitentes que aprovechan la conversación para controlar la respiración, silencio, charla, silencio, charla.

La Casa de Campo estaba como nunca, algo embarrada pero por lo demás estupenda para este deporte; Goyo me lleva por caminos distintos de los habituales, no dejaré nunca de aprender nuevos recorridos; preciosas sendas tapizadas por hojas vestidas con los colores de un otoño que ya parece dar la cara.

Tras contarnos nuestra vida y milagros nos despedimos en Lago que es dónde él había empezado su circuito, puede que aparezca por aquí a saludar si me encuentra en la red; yo sigo lo que queda de tapia hasta el Cagigal, aunque aprieto un poco la marcha – aprovechando el perfil llano – a ver si consigo llegar a tiempo a los postres del desayuno.

Llego a tiempo de contar lo que me ha pasado y quedar – si no se me vuelve a atragantar un cambio de hora o de lo que sea, en esto soy imprevisible – para mañana; así caigan chuzos de punta me haré un AM de los de antes para recuperarme de las últimas sesiones y asimilar el trabajo.

El fin de semana que viene haré otra tirada larga, la última, no quiero que se me atragante la Behovia por falta de confianza, de kilómetros, de cuestas o de todo junto; creo que ya estoy listo para ponerme en la línea de salida.

Encantado Goyo, muchas gracias por tu ayuda y hasta la próxima.

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  1. ¡Hombre Goyo!, sabía que aparecerías por aquí 😉

    La verdad es que fue una tapia de lo más entretenida gracias a nuestro encuentro; cuando me dijiste que me fuera contigo no las tenía todas conmigo de aguantar la tapia entera, pero no perdía nada por intentarlo y al final salió bien, sin duda que fue gracias a tu compañía.

    Desde luego vuelve cuando quieras, aquí tienes tu casa digital 🙂 y seguro que quedaremos más de una vez para seguir charlando, digo corriendo por la Casa de Campo; te invito a venirte con los Garabitas cuando quieras; si me pones un correo a santipalillo@gmail.com intercambiamos los teléfonos.

    Me enteré el lunes que la subida hacia las vías se llama “el Pinchaojos” y el porqué de ese nombre tan peculiar; el Pinchaojos no falla, siempre se me atraviesa :-(, por eso suelo tirar por un atajo que lleva directamente al puente y es más llano.

    Un abrazo amigo, nos vemos pronto y gracias por pasarte por el blog; en la pestaña de Personajes puedes conocer a W, el mejor nieto del mundo mundial 😉

  2. ¡Hola Santi!…¿que tal todo?, perdón por el retraso,pero es que estoy sin pc ( me lo estan formateando).
    La verdad es que no se por donde empezar este comentario, sobre todo despues de haber leido el tuyo, que por cierto me parece ¡genial!. Bueno pues como bien dices yo también acudí a la Casa de Campo con la firme intención de hacerme una tapia en plan solitario, y así empezamos a rodar, absorto en mis pensamientos, cuando subiendo hacia las vias del tren, me fije en un corredor que paulatinamente iba rodando mas despacio, hasta que se paró justo cuando llegaba a su altura,en ese momento y no se porqué en vez de seguir mi camino o de saludarle con educación, se me ocurrio decirle “vente conmigo” frase que como bien dices Santi,parece sacada de la biblia…jejeje.
    Bueno, en esas que aceptó la invitación y nos pusimos los dos a rodar y a charlar, a un ritmo muy cómodo, y como bien cuentas,charlamos de lo divino y de lo humano.
    El rodaje se me hizo mas bien corto y fué por la agradable compañia que tuve, fue una de esas veces en las que conoces a alguien y te sientes a gusto, una de esas ocasiones en las que por mediacion del atletismo, conoces a una persona y parece que ya la conocias de antes…en fin que sepas Santi que aquí tienes un amigo, y que espero que volvamos a coincidir por esos caminos de Dios.
    Lo dicho amigo, espero que todo te vaya bien, que seas felizmente abuelo por 2ª vez, yo si te parece seguiré comentando en tu blog, asi mantendremos el contacto.
    Un abrazo “campeón”.
    Nos vemos

  3. Hoy sí, cuando he llegado incluso estaba cerrado el Cagigal; no me fiaba de nada 🙂

    Pedro explica eso de “los paquetes estrumpimos con dirección al Mortirolo…” porque no se entiende, ja, ja 😉

    A Goyo le dije que buscase a Santi Palillo que me encontraría, yo confío en que tarde o temprano aparecerá, ¿verdad morao66? 🙂

  4. Antes que yo, Pedro, que suelo abrir el Cagigal.

  5. Y mira que hicimos tiempo unos 40 o 50 corredores para ver si llegabas, pero como no venías, los paquetes estrumpimos con dirección al Mortirolo y allí dejamos a los Metabólicos en compañía de los Garabitas.

    Quién nos lea pensará que estamos para encerrarnos, con tantos nombres extraños, jeje. Goyo ni se asoma por si se le pega algo.

    Espero que hoy hallas llegado a tiempo, ya te vale, jeje.

    UN ABRAZO,
    Pedro

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