Santi Palillo

el orto y el ocaso

In Correrías on 29 julio, 2011 at 22:14

Uno u otro, no lo sé (foto de ElPaís si no recuerdo mal)

No sin esfuerzo conseguí reunir las fuerzas justas para vestirme de corredor y salir a darme una vuelta por el entorno; la semana está resultando benigna en cuanto a las temperaturas por lo que cualquier hora es buena para correr, imagino que a los que buscan playa no les hará tanta gracia.

En mi caso he optado por salir al caer la tarde, evito madrugar y puedo atrasar un poco la hora de acostarme, además tengo comprobado que llego mejor a las sesiones, se ve que mi ciclo vital prefiere las puestas de sol.

Ayer empecé a correr cerca de las ocho, me había quedado solo y sin pensarlo mucho enfilé hacia la vía verde del tren; casi 2 kilómetros después llegaba al punto de cruce con la vía y allí mismo decidí experimentar con un 2 x 4000.

Se ve que como no tengo presión me atrevo con todo, el primer cuatro mil lo facturé a una media de x:xx que no está nada mal teniendo en cuenta que en el maratón pienso ir más lento; debido a los rodajes tranquilos de los últimos días me encontraba fuerte y mientras lo terminaba ya iba pensando en el segundo.

Tras un breve descanso intermedio empecé a correr sin mirar el crono de forma deliberada “corre por sensaciones Santi, deja de mirar el relojito y a ver que pasa”, lo que pasó es que sin demasiado sufrimiento pero apretando los dientes acabé la distancia a una media de y:yy que para mí son palabras mayores.

Más contento que unas castañuelas tomé el camino de regreso a casa, otros 2 kilómetros de vuelta relajada contemplando el paisaje y dejando volar un poco la imaginación; si a los diez kilómetros de la excursión mañanera añado los 12 de la carrera vespertina… ayer no estuve parado precisamente.

Eran las nueve y pico cuando me estaba dando un delicioso baño en la playa, el horizonte dominado por un astro rey semiescondido tras el Mondúver, el mar cual balsa de plata y nadie más que yo sobre la arena… ¡mariscal de campo!.

Salvo una salvaje desazón nocturna provocada por las picaduras de insectos en las piernas – fruto de la excursión campestre –  he dormido como un bendito, creo que he gastado un bote de Insecto DHU y ni así hay forma de que deje de rascarme.

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