Santi Palillo

saluda que algo queda

In Correrías on 14 agosto, 2011 at 20:08

Todo un símbolo (foto de revistasintaxis.com)

Las dos últimas salidas he conseguido dominar mis impulsos primarios sin entrar en provocaciones y ajustándome al guión establecido que no es otro que el de ir preparando una base lo más sólida posible sobre la que construir un plan de entrenamiento de doce semanas.

De momento mi añorado Dry Manager no ha dado señales de vida, al menos de vida inteligente que es la que me interesa, pero sigo albergando la esperanza de que más temprano que tarde se decida a regir nuevamente mis destinos en lo universal, que vienen a ser los deportivos más que otra cosa, sobre todo ahora que el 20-N ha pasado a mejor vida.

Han sido dos salidas de menos a más que es como mejor se me dan, las primeras partes de ritmo sostenido, tranquilo, para entrar en materia, y las segundas en progresión hasta alcanzar el ritmo de maratón, quiero decir al ritmo que voy a preparar para Valencia para que el cuerpo se vaya haciendo a la idea de lo que le espera.

Estos días hay muchísimos corredores dándole al talón puntera, desde que salgo hasta que termino me cruzo con un montón, de todos los tipos, tamaños y capacidades; a diferencia de lo que ocurre en la Casa de Campo – por poner un ejemplo – aquí no saluda ni el tato, yo les miro de reojillo y si veo coyuntura favorable levanto la mano aunque no suelan responderme con la misma moneda.

Reconozco que hace algunos años me molestaba la indiferencia pero he aprendido a tolerarla y ahora, a pesar de que lo siga intentando, no me hace mella el desprecio; comprendo que cada uno va a lo suyo y no les apetecerá cruzar ningún gesto de complicidad, quizás hagan lo mismo en sus quehaceres diarios y estén inmunizados.

Yo tampoco lo necesito pero me gusta cuando alguien devuelve el saludo, siquiera levemente, como hoy que me ha pasado en un par de ocasiones, me produce satisfacción, es como un reconocimiento, tan efímero como gratificante, a nuestro particular esfuerzo individual, una forma fugaz de compartir un instante, sin más.

De los dos de hoy el primero ha sido un corredor veterano, ataviado con su gorra, sus gafas de sol, su camiseta de tirantes, gastadas zapatillas, moreno de tantos soles, él ha sido más rápido desenfundando quizás porque no he adivinado sus intenciones con tiempo suficiente, por la falta de costumbre supongo.

La segunda ha sido una corredora que venía de frente por el mismo arcén; muchos extranjeros, probablemente ingleses, corren peligrosamente por el lado derecho, seguramente no conocerán aquellos viejos anuncios televisivos de educación vial “peatón, en carretera circula por tu izquierda”.

Un instante antes de cruzarse nuestras opuestas trayectorias he levantado amistosamente la mano derecha y enseguida ella ha levantado la suya en justa correspondencia; gestos rápidos, señales de que hay vida debajo de las viseras y adiós muy buenas, tampoco se trata de establecer relaciones diplomáticas a la china, aquello del ping-pong.

Mañana es festivo y Palillo volverá a surcar con decisión los arcenes hemeroscopeianos; a su velocidad de crucero levantará las manos o las cejas en función de lo que perciba; “cosas veredes amigo Sancho” que dijo el hidalgo manchego, seguro que él nunca pasaría de largo sin saludar a cuantas mercedes se cruzaran en su camino.

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  1. ja, ja, el otro día te saludé desde la cima del Montgo… lo mismo te digo Limo

  2. Si miras hacia el este y fuerzas un poco la vista, verás que te saludo desde el otro lado del charco… Saludos.

  3. Menos mal que has aparecido por aquí Canillas, ja, ja.

    Lo de Lucas es digno de estudio, ¡la pera limonera!; nos vemos en ná y menos,

  4. Que la mayoría hemos hecho “espantá” a las fiestas de los puebos a ponernos gordos a base de grasaza y alcohol.

    Ya ves, el sábado poquísima gente corriendo por la CdC, yo creo que sólo nos cruzamos con algún ciclista, así que no tuvimos que levantar la mano; ahora que caigo, Lucas saludó a unos cuantos al principio, si es que conoce a todo el mundo, pero después ningún corredor.

    Cuanta razón tienes, por esos lares no saluda ni el Tato, pues no son raros ni ná, ellos mismos.

    UN ABRAZO,
    Pedro

  5. Pero… ¿es que nadie me va a saludar?, ja, ja 🙂

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