Santi Palillo

tres historias de miedo

In Chaladurías on 12 junio, 2012 at 11:26

Advierto que es un post largo y de mucho miedo, si no tienes los nervios templados no sigas adelante, quedas avisado.

Arreglo by Canillas

PRIMERA

Me atraviesa de pecho a espalda a la altura de la última costilla desde primera hora, incomoda sin llegar a doler demasiado, no hay manera de moverlo del sitio ni llamando a los antidisturbios de la excelentísima señora delegada del gobierno a quién Dios guarde muchos años, es punzante y para empezar me ha reventado el sacrosanto desayuno, me tiene a infusión de hinojo y una manzana.

Durante los primeros kilómetros intento que me abandone por las bravas efectuando movimientos peristálticos voluntarios para acelerar su tránsito pero ni por esas, ha debido encontrar su lugar en mi mundo interior, elevo los brazos, estiro el abdomen, me doblo sobre mi mismo, hago el pino con las orejas, nada, cualquier cosa que haga es inútil, no quiere irse.

Decido mirar para otro lado con cuidado de no tropezar, en varias ocasiones estoy a punto de conseguir expulsarlo pero no dejan de ser intentos fallidos, con lo fácil que me ha resultado siempre evacuar los malos aires, los ricos panchitos del domingo viendo a la selección deben ser los culpables, si por lo menos hubiésemos ganado.

Llego a casa agobiado, la presión interna –me río yo de la prima de riesgo- casi me arruina la mañana, lo sigo llevando atravesado, y es  justo entonces al sacar las llaves para abrir la puerta se me caen al suelo por pura descoordinación y al agacharme para recogerlas se produce el milagro, ¡catacrack!, ¿o quizás debería decir la explosión?, alivio inmediato, purga Benito, la sinfónica de Kiev, lo que quieras pero qué descanso.

Ahora mismo ya se está formando una nueva marejada en el Atlántico, me voy a por otro hinojo antes de que sea demasiado tarde.

Foto by tejiendoelmundo.wordpress.com

SEGUNDA

¿Recordáis aquella antigua historia de la mujer muerta de la curva?, sí, esa que hacía autostop en la carretera, te decía mucho cuidado en esa curva, te salvabas de un accidente mortal gracias a su aviso y cuando mirabas para darle las gracias ya no estaba a tu lado, había desaparecido, a mi me ponía los pelos de punta y cada vez que tenía que conducir de noche me venía su recuerdo a la cabeza y el pánico escénico me inundaba; es que era una historia de mucho miedo.

Pues bien el domingo pasado mientras avanzábamos por la última curva de la Rosaleda vimos a la chica que cada mañana se arremanga las faldas sentada en un banco dispuesta a tomar el sol en brazos y piernas mientras enseña el piramidal al respetable y lee lo que a simple vista parece un libro.

A mi comentario “esa chica debe estar mal de la cabeza porque la veo a diario en el mismo banco, se descalza y tal y pascual…” responde Nibble “a ver si va a ser la mujer muerta de la curva”, consiguiendo meterme de nuevo el miedo en el cuerpo, ahora que ya ni me acordaba de la historia.

Ayer no estaba en el banco pero si vuelvo a verla saldré corriendo a R3 como poco, hay que ver Nibble, qué manera tan cruel de joderme el circuito de cinco.

Es lo más parecido al Loco transfigurado que he podido encontrar

TERCERA

A primera vista parece un tipo pacífico pero su aspecto bonachón y sonrisa profidén no consiguen ocultar sus impulsos primitivos, sin duda recuerdo de su paso por un internado en los setenta.

En la puerta del bar con el desayuno todavía caliente en el estómago procedemos a las despedidas, somos amigos, nos chocamos las manos, nos deseamos buena semana, etcétera, todo según el patrón previsto para estos casos.

Me duele dar la mano al estilo tradicional como se ha dado siempre, la crisis artrósica en el meñique me hace ver las estrellas cada vez que lo hago, de modo que he optado por chocarla al estilo de los deportistas de postín, ofreciendo la palma, entrecruzando los pulgares y apretando con los otros cuatro, solo así me salvo de los estrujamientos.

Pero él se da cuenta del detalle “¿qué te pasa, por qué das la mano así?” y yo, a pesar de mi paso por varios internados de los sesenta y los setenta pico como un novato, extiendo la mano como si me la fueran a besar pero con el dedo tieso para mostrarle la hinchazón del meñique sin llegar a ver con tiempo suficiente un destello malévolo en sus colmillos “es que tengo artrosis en el meñique y veo las estrellas cuando…”, momento que aprovecha el desalmado para retorcérmelo con saña, mi única reacción posible fue cagarme en su padre, nada serio, son clichés de internado.

Lo que os decía, a primera vista el Loco parece un tipo pacífico pero su aspecto bonachón y sonrisa profidén no consiguen ocultar sus impulsos primitivos, sin duda recuerdo de su paso por un internado en los setenta.

Cada vez que me acuerdo de su careto sonriente tiemblo como un pajarillo, será cabrito no, lo siguiente.

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  1. Incluso las mezclo aunque parece que lo peor ya ha pasado 🙂

  2. ¿mejor las infusiones de hinojo que las de anís estrellado?

  3. José Luis me parece que mañana me quedo en casa, saldré temprano cuando corre más el aire :-), no, es que juega la selección y me apetece ver el partido

  4. Al Locomotoro ese ni mentarlo 🙂 no sea que vuelva con retorcidas intenciones. Ya veremos que pasa ahora si me encuentro con la mujer de la curva… Los panchitos igual que Locomotoro, esta noche baloncesto a palo seco. El jueves creo que me pierdo la Tapia, el partido de balompie no puede empezar sin mi delante la caja tonta… con estas edades… en fin.

  5. Me parto con el del señor gordito, bajito, con bigote, cara de bonachón,…. Ah, No!!!! que así no has descrito al Locomogoldo, ¿te lo retorció bien, no??

    Seguías dándole a la cabeza con el comentario del Nibelungo??? ya decía yo que tardabas en contarlo por aquí.

    No comas panchitos con el basquet esta noche.

    Nos vemos un día de estos

    UN ABRAZO,
    Pedro

  6. Me quedo con las 33 churris con todas sus ondulaciones, que la de la curva asusta. Ahora que da más miedo verte tan inflado y flotando. Si sigues así el jueves habrá que tratar de no verte la espalda, no vaya a ser que… 😉

  7. Al final he salido a las dos que es una hora poco habitual pero con buen tiempo, el fútbol me duerme, el baloncesto me altera, el tenis -Nadal básicamente- me sube la moral, la tele aburre… mejor salir a correr.

    A ver si puedo dormirme yo también porque la mujer de las curvas, digo la mujer de la curva impone ¿no? 🙂

  8. Pues a mi el relato, me ha parecido corto.

    De fondo tengo a Rusia y Polonia tratando de desempatar y para no irradiarme con tanta TV, me alejo y doy la espalda, para leer “Historias para no dormir”.

    Aunque esta tarde volvimos a las andadas y en mitad del trayecto, separación de los Húmedos de los de Secano, con lo cual creo que dormiré de un tirón a pesar de la mujer de la curva. 🙂

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