Santi Palillo

Cualquier martes

In Chaladurías on 11 mayo, 2014 at 08:00

SP_MisatoFoto by Palillo: La pequeña Misato

La tarde prometía tras estar toda la mañana correteando detrás de una niña mucho más veloz que él; aprovechando que después de comer se había quedado dormida rebuscó en el fondo de los cajones hasta dar con ropa de corredor, sacó sus viejas zapatillas de la bolsa y se vistió con parsimonia.

En la casa todos sus habitantes sesteaban, el sonido del televisor parecía ser el único signo de actividad vital, la chica del tiempo llevaba más de media hora mostrando mapas, isobaras y fotos de televidentes; recostados en el sofá los adultos, hecha un ovillo en su cuna la niña, agotados todos tras horas de paseo, columpios, toboganes y arena bajo el sol otoñal.

Sacó su cronómetro y mirándolo como si fuera la primera vez que lo viera se lo ajustó en la muñeca, siempre la izquierda, siempre en el tercer agujero para que no le deje señal la correa.

Metió en la mochila una camiseta de recambio, la gorra de visera, las llaves, un pequeño monedero con el carné de conducir y unos cuantos euros; a punto de cerrar la puerta pensó en despedirse en voz alta pero tan solo musitó para sus adentros un suave hasta luego para no interrumpir la paz del descanso familiar.

Cruzó la solitaria calle, saludó al vigilante al entrar en el garaje, bajó en ascensor hasta su planta y pulsó el mando a distancia del coche, ábrete sésamo, pero el coche no se abrió, la batería había dicho basta.

Asumiendo con naturalidad lo irremediable dio media vuelta, subió en ascensor hasta la planta de calle, saludó al vigilante que seguía en la misma postura que al entrar, posiblemente dormido con los ojos abiertos, cruzó la solitaria calle y al entrar en casa pensó saludar en voz alta pero por no molestar no lo hizo.

Colgó las llaves en el gancho de la entrada, se quitó las zapatillas, guardó la mochila, se quitó el cronómetro como si fuera la primera vez que lo hiciera, dejó el monedero sobre la mesa y, algo frustrado, se sentó junto a los durmientes mientras observaba como la chica del tiempo seguía enseñando mapas, isobaras, fotos y pronosticando el tiempo que hará en Laponia la próxima semana, el verano está a punto de llegar pero no se decide, hasta el cuarenta de mayo, etc.

Al menos echaré una cabezadita, pensó; en eso, cansada de dormir, la niña se despertó llamándole a gritos “abilooooo” y alertando a su mujer que le dijo en pleno duermevela “anda, ya que hoy tampoco vas a salir a correr atiende a tu nieta, no ves que te está llamando”.

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  1. ¿A que sí?, se llama Yasuo, el (otro) abuelo.

  2. Es igualita al abuelo, una preciosidad.

    un saludete,
    Paquete.

  3. Si Guille, es mi nieta pero cualquier parecido de la ficción con mi realidad será producto de vuestra imaginación.

  4. Desistió pronto. Podría haber salido a correr desde allí. Misato es tu nieta? Dios mío ya me pierdo con tantas nacionalidades. Has formado una familia multicultural.

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