Santi Palillo

Gorgorito

In Correrías on 30 junio, 2014 at 20:08

M2081S-1028Nombre del autor en la firma del cuadro

Siempre que quedamos en este pueblo, a tan solo 20 minutos de casa, me viene a la cabeza la canción: Pinto, pinto, gorgorito, saca la vaca de veinticinco (lo de sacar la vaca de 25 no termino de entenderlo).
— ¿En qué lugar?
— En Portugal
— ¿En qué calleja?
— En la Moraleja.
— Esconde la mano que viene la vieja

El domingo había convocatoria pinteña, aunque debido al GTP, al triatlón de la Casa de Campo, las vacaciones o cualquier otra actividad social, acudimos solamente tres elementos, suficiente si se trata de Paquetes.

Tras tomarnos un cafelito para entonarnos en la Ermita —bar de concentración y posterior desayuno— decidimos para dónde tirar y lo que íbamos a hacer; en la convocatoria constaba que el objetivo era un rodaje tranquilo y así fue, quizá podríamos haber ido más deprisa o más lejos pero a costa de hablar menos, no merecía la pena.

Tras poco más de una hora disfrutando de los tan soleados como falsos llanos del campo de secano que circunda el sur del pueblo, aunque a ratos mosqueados por si los tempraneros cazadores que andaban pegando tiros por la zona nos confundían con perdices gigantes, volvimos a entrar en el pueblo por una zona que no conocía y que por momentos me recordó a un pueblo de los de antes.

He leído que su nombre proviene de “punctum”, punto, porque antiguamente se pensaba que era el centro geográfico de la península, algo ha debido cambiar el concepto porque recientemente se decía que el centro estaba en el cercano cerro de los Ángeles, otro fantástico lugar para disfrutar corriendo al que voy un par de veces al año.

Aunque seamos pocos el desayuno no se perdona, en este caso nos invitó Canillas por su santo y los temas de conversación fueron los de casi siempre pero en petit comité; recordábamos a los sufridos paquetes del GTP cuando apareció Charli, un simpático perrito carlino, cuya monumental dueña dejó atado en un árbol junto a nuestra mesa “¿Os da miedo?” —preguntó la susodicha— “El perro no” —respondió el tercero en discordia mirándola, yo diría que pícaramente. A los ojos, claro.

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  1. No veas como dispara el agüelo, a mí me dejó sin palabras, ya la dueña con una gran sonrisa.

    Lo de los cazadores daba un poco de impresión.

    Un saludete,
    Paquete

  2. Sencillo y bonito relato. Gracias

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