Santi Palillo

A tope

In Correrías on 5 marzo, 2015 at 18:42

LasCuestas

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El domingo pasado debió verme a punto de espicharla en alguna cuesta, así que Paco —sandp— me dijo “Santi, la única forma de no morir en el intento es entrenarlas, sin entrenarlas no hay quien pueda con ellas”, cuando alguien tiene razón se asume y punto.

Total que he subido corriendo la que yo llamo puta cuesta —no porque sea una fulana sino porque se lo ha ganado a pulso— sin saltarme ni un solo metro, cuando he llegado al pentágono los pulmones querían salirse por la boca, menos mal que en el último momento les he convencido de que ahora venía un llano porque si no…

Cada cuesta arriba del recorrido —tengo 4 tramos clasificados como tales— las he atacado como si estuviera haciendo series en cuesta, ¡qué paliza quillo!, que por lo visto es la única forma de… etc.

La primera está en el paseo de Cuba, son unos 200 metros pero no deben ser nada del otro mundo porque he aguantado el ritmo; la segunda tiene más o menos la misma distancia y es un camino interno sin nombre conocido por mí que acaba en la cuesta del Ángel Caído —lo mismo este señor era corredor y entrenaba series en cuesta cuando se cayó, se lo merece porque teniendo alas buena gana de ponerse a correr.

La tercera es uno de los laterales del Jardín Francés, son apenas 180 metros que a esas alturas del circuito pesan más de lo previsto, sin embargo he echado un pulso con dos chicos que iban en uno de esos carros-bicicleta de alquiler y aunque a media cuesta se han ido por otro camino yo he seguido hasta arriba sacándome los ojos como si nada.

A la cuarta y última la conozco bien, en ella era dónde M2 me ponía las series en cuesta años ha, son 450 metros o algo menos divididos en tres tramos, el primero es el de mayor pendiente (a por él a saco), el segundo es intermedio (a por él a saco) y el tercero, aunque es más tendido que sus primos, pica lo suyo para arriba, lo he empezado bien pero cuando quedaban apenas veinte metros he bajado el ritmo porque los ojos se me iban a salir de las órbitas, esta vez ha podido conmigo pero no es cosa de quedarse ciego que todavía me quedan muchas cosas por ver.

Desde ahora cada vez que suba al pentágono las cuestas las haré tan deprisa como pueda, nada de rascarme la barriga o mirar el paisanaje, a ver si así consigo sorprender a Canillas la próxima vez que nos ponga en fila por sus senderos imposibles. El domingo sin ir más lejos, bueno, mejor lo dejaré para más adelante, que todavía me falta algo de práctica, no conviene enseñar las cartas el primer día.

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  1. Ayer te sorprendí ¿eh? 🙂 joer, casi muero en el intento 🙂

  2. Casi, casi.

    Si te vinieras más a menudo los martes y jueves, en breve los falsos llanos los subes silbando.

    un saludete,
    paquete

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