Santi Palillo

El cielo del paladar

In Correrías on 23 marzo, 2015 at 11:20

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En el camino Schmidt

Se me acumulan los entrenamientos sin comentar, de modo que procuraré resumirlos en una sola intervención, aunque la brevedad no sea mi estilo preferido puedo intentarlo.

El jueves era festivo en el centro del universo por lo que acudí a la Casa de Campo con los Paquetes, esta gente está en pie de guerra por decirlo de forma que se entienda, se empieza despacio pero enseguida suenan las trompetas guerreras y ¡sálvese quién pueda! Menos mal que yendo tantos siempre hay un grupo en el que acoplarse para aguantar dignamente los primeros kilómetros de calentamiento.

De nuevo subidas imposibles que me hicieron echar pie a tierra, no importa, ya vendrán los míos alguna vez pero que mal lo paso cuando no puedo más y veo como la fila se aleja, en esta ocasión se quedó Jorge conmigo ayudándome a encontrar el ánimo perdido. A partir del Cristo me recupero y vuelvo al lago en un pequeño grupo escindido del original y tan cansado como yo mismo.

El viernes muy temprano me largué con Javier —Loco— a la sierra, la idea era correr lo que se pudiera y andar el resto, pero no tuvimos muchas oportunidades de elegir; los primeros 14 kilómetros de subida al puerto de la Fuenfría no animaban demasiado a correr, la senda de Cospes y el camino Schmidt hasta el puerto de Navacerrada estaban nevados y con hielo, imposible correr sin asumir el riesgo de darse un buen piñazo, de hecho vimos gente con crampones y hasta raquetas. Dudamos entre dar la vuelta o seguir, al final seguimos pero con mucho tiento.

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Inicio de la senda de Cospes

En el cruce con la pista del Bosque me sentí como perro en la M-30 un lunes por la mañana, aprovechando un hueco entre esquiadores y snowbordianos crucé raudo como el rayo —es una ironía— pero debido a las prisas, a la nieve polvo y a mi poca pericia en estas lídes resbalé y a punto estuve de aprender a esquiar pero arrastrando el culo por la ladera, unos metros más abajo conseguí rehacer mi dignidad herida y llegar a la orilla opuesta dónde me esperaba el Loco descojonándose de la risa.

Desde el puerto de Navacerrada hasta Cercedilla por la traza del MAM —maratón alpino madrileño— tampoco pudimos correr demasiado, los arroyos bajaban amazónicos y tocaba mojarse los pies, al menos pudimos trotar en algunos tramos libres del líquido elemento hasta que por fin llegamos a Cercedilla casi 29 kilómetros después y con las piernas —al menos las mías— a punto de calambres sin fin.

El domingo de nuevo a la Casa de Campo, llegué con agujetas hasta en el cielo del paladar y poca confianza en mis fuerzas que llegaron a su punto más bajo de cotización al proponerse hacer una Tapia, no obstante empezamos y ¡por fin! aguanté todas las subidas corriendo; a partir de Somosaguas, inopinadamente crecido por las circunstancias, corrí de lo lindo incluyendo una veloz escapada con Canillas y persecución, acoso y derribo de un grupo que nos adelantó sin permiso.

Sin duda ha sido la semana más completa desde primeros de año y aunque tengo molestias en uno de los gemelos no parece que la cosa vaya a ir a más, mañana trotaré sin ansia para recuperarlo sin provocar al gastrocnemio más de la cuenta.

Y encima he adelgazado otro poco.

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  1. ¡Quique, qué sorpresa!, supongo que nos veremos (en la salida al menos) en el TBA.

  2. Estás que lo viertes… Te vas a merendar la TBA sin pan ni nada (ya habrá tiempo después)

  3. Gracias Santi.

  4. El domingo fue uno de esos días que te suben la moral, ni yo mismo me lo creía 🙂
    Enhorabuena también a tí por ese carrerón de los Bomberos.

  5. Correril y deportiva en general quise decir

  6. Ostrás Pedrín! Vaya telita de semana correril te has metido!! Enhorabuena Santi, me alegro

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