Santi Palillo

TBA 2015 – parte 1 – A saco

In Chaladurías on 12 abril, 2015 at 18:33

TBA

Es el logo de la primera edición

Llevo una semana sin aparecer pero ¡qué cantidad de cosas pueden pasar en una semana!, de hecho los primeros seis días no pasó nada reseñable —el virus del pasotismo se apoderó temporalmente de mi ser impidiéndome correr ni medio metro— para centrarse en el séptimo en que, casualmente, tendría lugar nada más y nada menos que el TBA, la joya de la corona.

Pero empecemos por el principio, teníamos que llevar saco de dormir así que rebuscando en los armarios recuperé el que me pareció mejor; para no fiarlo todo a la suerte ni dejar que reinase la improvisación decidí sacarlo de su bolsa, extenderlo sobre el parqué y probarlo por mí mismo, sin prever que aquello se acabaría convirtiendo en una experiencia desestabilizante para mi ego.

Puesto en pie y haciendo la grulla conseguí meter las dos piernas y de seguido el resto del cuerpo desafiando las más elementales leyes de la física sin romperme la crisma contra el cercano aparador, una vez dentro observé que el saco dispone de una cremallera lateral que lo recorre de arriba abajo, de haberlo sabido a tiempo el proceso de aprendizaje y adaptación al medio no hubiera resultado tan largo ni tan peligroso.

Es un buen saco sin duda, apto para temperaturas hasta 5 bajo cero, lejos de las primaverales que disfrutamos estos días; el problema empezó a la hora de intentar devolverlo a su bolsa original porque no hubo manera, durante quince minutos me pegué con él cual vaquero marcando terneros, pero se mostró terco como una mula y resbaladizo cual anguila; a punto de darme por vencido, Pepi me trajo una bolsa mayor y tras otra larga y tensa lucha a brazo partido conseguí meterlo dentro no sin pasarlas canutas y sudando a mares.

Esa misma noche, estando de tapas por Almagro —¡qué tapas!— y animado tras ingerir un par de vinos de la tierra ¡qué vinos!, conté públicamente mi titánica lucha a muerte contra el saco entre las risas de unos Paquetes que no podían creer que yo lo fuera tanto, para zanjar el asunto y poder seguir probando tapas les propuse que a la mañana siguiente lo intentasen ellos a ver que tal se les daba.

Tras pasar la noche metido en el saco, muy confortable por cierto aunque tuve calor y algo de claustrofobia ya que a la hora de dormir me muevo como si sufriera el síndrome de las piernas inquietas y su estrechez textil me impedía moverlas a discreción; el pobre Canillas con quién compartía lecho lo habría agradecido pero creo que mis ronquidos lo impidieron anulando el efecto paralizador del talego.

Todavía resonaban en la estancia los ecos del toque de diana cuando aparecieron en el dormitorio del tío Carmelo todos los paquetes presentes en la casa para proceder a la demostración de doblado de sacos; entonces entró en acción Berni, quién en menos que canta un gallo —era pronto para que cantase el despertador más natural— domó por completo al saco, lo metió en su bolsa y todavía le sobró la mitad; ante semejante demostración de poderío y habilidad nadie más quiso intentarlo, tras lo cual nos fuimos a tomar un café con churros —tan enormes que no cabrían en la bolsa del saco salvo que fuera Berni el encargado de hacerlo, pero no tanto que resistieran el ataque de unos Paquetes hambrientos— que nos terminase de preparar para afrontar como es debido el incomparable Trail Batalla de Alarcos.

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Primeros compases del TBA – Foto by Commedia (si no estoy equivocado)

Pero la parte deportiva del día mejor la cuento en otro momento porque esto no puede terminar así, quiero probar si he aprendido bien la técnica del doblado y debo hacerlo antes de que caiga la noche para no correr el riesgo de tener que pasarla en su interior.

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  1. Ese saco ha entrado ya en la mitología paquetil.
    “Se cuenta que una vez un paquete se enzarzó con un saco y bla, bla, bla”
    Épica con final feliz, tío Carmelo. Todo gracias a Berna, y pese a los ronquidos de Cani 😀 😀 😀

  2. Algo tenía que alegar 🙂

    La saludo de tu parte.

  3. O sea que soñabas que eras Giacomo agostini o más bien la moto del mismo, je, je, cuánta razón tiene Lola!!!

    dala un beso de mi parte

  4. Pero incluso sin ser del grupo de los Paquetes, que es aún mejor, pero me refería a ser “un paquete” en el sentido de cometer estas paquetadas como meterse en un saco con dificultad y una vez dentro darse cuenta que tiene cremallera. Jajaja

  5. Desde luego Guille, ser Paquete es de lo más divertido, ya viste el ambiente que había entre la tropa, yo me lo tomo como una cura de rejuvenecimiento, me pone las pilas.
    Ahora mismo me comprometo a subir como un campeón la cuesta de las antenas el año que viene, casi la palmo durante la ascensión 😉
    La segunda parte está en máquinas y habrá tercera parte, esto del TBA daría para un libro.

  6. Santi, que divertido es ser un paquete!! Y además de serlo contar estas paquetadas de una manera tan literaria, mira que no darte cuenta de que tenía una cremallera lateral! Pues creo que a mi me pasó lo mismo la primera vez que me metí en un saco. Y lo de doblarlo fue épico, que bien lo pasamos! Gracias por el relato, efectivamente esperamos la segunda parte.

  7. Pepi está acostumbrada a mis tontás, pero se meaba de la risa y me hizo una foto en la que parezco la momia de Tutankamon.

    Que dice Pepi que yo no ronco, sueño que soy una moto 🙂

    ¿Te duele algo del aterrizaje forzoso?

  8. Juas, juas, habría que ver la cara de Pepi mientras te metías en la tripa de la morcilla, digo del saco, sin quitar la cremallera, juas ,juas.

    Qué gran primera parte del TBA, qué tapas y vinos y qué precios, como bien dijo Nibble “estoy por celebrar la comunión de mi hijo aquí”.

    Sí te moviste, sí; pero por lo menos dejaste las manos dentro del saco, jeje.

    Mañana sendereamos que queda menos para el MAPI

    Esperamos la segunda parte, un saludete

    paquete

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