Santi Palillo

Ruido

In Correrías on 15 noviembre, 2015 at 22:18

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Hasta en el Metro nos dan recomendaciones, foto by Palillo

En teoría perfectamente recuperado de las ochocientas agónicas series del viernes, a última hora del sábado recibo un mensaje del Loco “a las 8:20 te recojo con el coche, dos vueltas de tranqui”, acepto porque estoy de la puta cuesta un poco harto y si puedo subirla en coche mejor que penando, las dos vueltas de tranqui también me gustan como plan, aunque ya le he dicho “tenemos que empezar a dar tres vueltas”.

Cuando estamos aparcando aparecen dos Paquetes de Alta Velocidad y se disparan las alarmas “¿pero no estaban todos en Valencia?”, “no pasa nada, les daremos esquinazo”; una vez en el pentágono aparecen Canillas y Zerolito que habían empezado a las 8 y enseguida se produce el esquinazo pretendido pero no como lo teníamos pensado, nos dejan atrás y se marchan en su cohete.

Hoy me encuentro bien, de hecho tengo que refrenarme porque tiendo a acelerar y no he venido a eso sino a dar dos vueltas de tranqui; en la primera cumplimos el plan a rajatabla, pero en la segunda nos vamos animando y acabamos corriendo como pollos sin cabeza, digo yo que para nuestros adentros no queríamos que nos adelantaran los astronautas.

Esperamos estirando a que aterricen y todos juntos nos vamos a Los Porches a ver si ya tienen cuajada la tortilla de patatas, como yo he optado por una barrita con tomate el cocinero —asomando la gaita entre sartenes— me ha llamado “traidor” antes de esconderse de nuevo en su cocina, el próximo domingo se va a enterar, pienso pedirme dos pinchos.

Como me fijo mucho he comprobado que hablamos demasiado alto, siendo tan pocos armamos más follón que un regimiento de húsares a la carga; la buena gente —indemostrable pero aparentemente lo eran— del lugar nos miraba de reojo y hacían gestos de desaprobación entre ellos sin decirnos nada, estoy seguro que se han quedado con las ganas; el bar tampoco es que sea muy grande y para mí que —acústicamente hablando— reverbera como si estuviésemos en la sala más grande de la cueva del Drach.

El resto del domingo lo he pasado queriendo tener noticias de los Paquetes que han sudado la camiseta en Valencia, pero lo mismo no han terminado de comer a estas horas y por eso no han dado señales de vida.

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  1. Guille ya sabes que siempre nos duele algo, salvo que sea algo serio (nos daríamos cuenta, supongo) siempre acaba pasando de largo, es cuestión de tener alternativas mientras estamos en el dique seco.

  2. Por supuesto, yo cuando me doy cuenta lo intento no hacer, pero observo que es verdad que se puede generalizar como un comportamiento de muchos españoles (que no se si italianos, griegos, etc… también tienen). Me alegro de tu hora y cuarto. Yo sigo varado. Lo intenté el viernes y el sábado porque me dejó el rehabilitador y el dolor ha aparecido ahora en la rodilla, lo cual me preocupa aún más.

  3. Debemos ser los únicos que no nos damos cuenta, la excusa de que somos así tendríamos que eliminarla cuanto antes. Cuando viajas fuera es lo primero que percibes: el silencio.
    Mañana hora y cuarto, esto marcha.

  4. consustancial con los españoles el levantar la voz.

  5. La verdad es que no nos damos cuenta de lo que levantamos la voz; y eso que sólo éramos seis (porque el trotón habla muy pausado y en tonos imperceptibles, jeje).

    Hay que mantener la línea, con una barrita y un café nos sobra.

    Un saludete,
    paquete.

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